Réalité et liberté de l'imagination... ♪ 安德烈斯

Lo peor de la ignorancia es que entre mas se prolonga, mas nos acostumbramos a ella!!!!

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Los delirios del payaso verde.

Mockus123

A riesgo de que me insulten, golpeen o maten
“Mimos y girasoles… ¿qué es esa idiotez? Aquí se necesita es un varón que fumigue a los guerrilleros hps, y de paso a los mariguaneros, a los ateos, a Chávez, a Correa… de paso a los venecos… y a los maricones… a las putas no porque de pronto las necesitamos… a los negros sí, y a esos indios mugrosos que salen a protestar; y a los pobres, que hay muchos… en resumidas cuentas, a esos hps, que son al mismo tiempo guerrilleros, mariguaneros, chavistas, ateos, maricones, negros, indios y pobres. Simultáneamente, vendrán las grandes compañías, las grandes empresas y los grandes artistas y muchos turistas a compartir la alegría de estar en el País más feliz del mundo, y los ciudadanos de bien tendremos buenos empleos, salud, belleza, amor… el Paraíso, pues.”
“¡Qué nos va a gobernar ese payaso! ¿Mostró el culo? Es homosexual. ¿Se disfrazó? Es retardado. ¿Se casó en un elefante? Es demente. ¿Le echó un vaso de agua en la cara al doctor Serpa? Es un triplehp irrespetuoso. ¿Su emblema es un girasol? Más homosexual aún. ¿No va a misa? Es ateo. ¿Tiene nombre raro? Es extranjero. ¿Se retracta? Es pendejo. ¿Tiene Parkinson? Está lisiado. ¿Quiere educar? Es ingenuo. ¿Es honesto? ES GÜEVÓN…”
Hace once años había en Colombia otro güevón del mismo calibre. No era filósofo. Era abogado, periodista, humorista. También se disfrazaba: de portero, de empleada, de tinterillo… de lustrabotas. Otro confundido que, siendo colombiano, le dio por hacer locuras, cómo burlarse de los políticos que nos tenían viviendo en el eterno paraíso. Nos decía en la cara, desde la televisión: ‘Oigan, los están robando’, y nosotros ‘JUAJUAJUA’; ‘Oigan, los están matando’, y lo mismo: ‘JUAJUAJUA’… Un buen día, un viernes, 13 de agosto de 1999, cuatro balas infames callaron la payasada para siempre.
Jaime, parcero… qué falta tan dolorosa que hacés aquí abajo, en el culo del mundo, en este curioso Edén. Cuatro rugidos obtusos te silenciaron; acabaron con la risa de Colombia. Si estuvieras aquí, a lo mejor votarías por Antanas Mockus, payaso ridículo a quien le dio por creer que la educación es importante en este país de asesinos, y por quien voy a votar en estos días, haciéndome cómplice de su ridiculez y su más que seguro retardo mental.
Es para morir de risa. Les cuento a los extranjeros, a los visitantes marcianos que vengan a ver tanta dicha, que mis paisanos tienen una muy graciosa opinión sobre la participación política. Juran que se trata de agitar fanatismos cada cuatro años y tachar una carita en un papel. Hecha la marquita, en paz con Dios y con el mundo, vuelven a sus casas a esperar que los gobiernen. Si el televisor les dice que los gobiernan bien, vuelven y tachan la misma carita a los cuatro años. Si les dice que no, se indignan, pelean, insultan y el día señalado tachan otra carita. He ahí nuestra así llamada participación política.
Si el congresista se roba 500 millones de pesos, es una rata asquerosa, un hijueputa. Si me quedo con 100 pesos de vueltas que me dio de más este busetero marica, soy un duro, un vivo. Claro, ahora entiendo por qué les decimos ‘vivos’ a los pícaros, a los astutos, a los de la ‘malicia indígena’: porque el muerto no roba; antes bien: lo roban, si algo tuvo en vida. El que no hace torcidos en este país es como si estuviera muerto: no es, no parece un ‘vivo’.
Si el alcalde le consigue un contrato a su familiar por obra y gracia de la palanca, es un corrupto asqueroso, otro hijueputa, y el pueblo, “nosotros”, víctimas maltratadas. Si me logro saltar la fila en el banco y nadie se da cuenta, soy un vivo, ‘un man abeja’, y los que hacen la fila unos pendejos. Si el juez demora mi demanda en la que exijo que me devuelvan una platica que me debe mi ex-jefe hace diez años, es un vendido asqueroso, otro hijueputa. Si me hago el dormido para no darle el puesto al viejito cacreco que se acaba de subir, soy un astuto. Si el industrial permite que se contamine el agua de un río con los desechos mefíticos de su fábrica, es un capitalista asqueroso, otro hijueputa. Si boto la servilleta desechable al piso, soy un práctico, un descomplicado.
Moral hipócrita la que se practica aquí. Al fin y al cabo, todos salen impunes: el doctor congresista, el doctor alcalde, el doctor juez, el doctor industrial, el ladrón, el abusivo, el perezoso y el sucio. Pero más grave aún: al congresista, alcalde, juez o industrial, de vez en cuando lo agarran, lo pillan y le pueden hacer cosas muy graves: amonestarlo, denunciarlo, o en el peor de los casos ¡oh, castigo horrendo! retirarlo de su cargo por unos tres meses, mientras se olvida el asunto. Como ven, señores marcianos, señores gringos, estos bandidos importantes, faranduleros y bien nutridos a veces reciben un castigo por su reprobable conducta.
A los otros bandidos, los anónimos, los cotidianos, los hijos de vecino, los honrados ciudadanos votantes, los famélicos… nunca. Están en la más absoluta e infame impunidad: la del que se cree honesto.
Volviendo al Payaso que nos ocupa, amigos Marcianos, parcero Jaime, les informaré en mi calidad de guía turístico, por qué tantos en esta honorable república llaman ‘payaso’ a un filósofo, y de paso desenredo la payasada de este ensayo.
Era rector de la Universidad Nacional de Colombia, institución que ha albergado en su campus durante muchos años, amén de excelentes estudiantes y otros no tanto, milicias urbanas de guerrilleros y pandas de pretendidos estudiantes que no están de acuerdo con… NADA. Como es costumbre, odiaban al rector de turno habida cuenta de su existencia. Un buen día, otro, de los muchos buenos días de este país, se reunieron las ‘partes en conflicto’ a ‘dialogar’ en el Auditorio León de Greiff. Como suele suceder en estos casos, no hubo diálogo alguno. Hubo una ensordecedora rechifla por parte de los honorables milicianos… perdón, estudiantes, que imposibilitó al odiado rector exponer el más mínimo argumento. Haga de cuenta usted como cuando trata de hacerle una observación a un transeúnte y éste, muy ciudadano, le contesta ‘qué le pasa, chino hijueputa, no sea sapo…’
Por eso yo ya no hago observaciones de cuerpo presente a transeúnte alguno. Un día de estos, por observador, me matan. Así pasa en nuestros días. Un señor en Transmilenio le reclamó a unos honorables vándalos que no se mearan en vía pública. Creo que lo mataron. No me acuerdo y no voy a buscar. Soy guía turístico, no periodista. Les puedo señalar, eso sí, el lugar donde lo mataron, golpearon o insultaron, que en las cuentas de una hipotética humanidad honrada serían injurias equivalentes. Tiempo después de lo de la rechifla, decía el Payaso esta Payasada como las que acostumbra:
“Si me vas a matar, hiéreme; si me vas a herir, golpéame; si me vas a golpear, empújame; si me vas a empujar, insúltame; si me vas a insultar, grítame; si me vas a gritar, háblame; si me vas a hablar…hablemos”.
Es un razonamiento bellísimo, un malabarismo conceptual estupendo, una payasada filosófica que contiene la nimiedad de que la comunicación es un prisma que va de la comprensión a la muerte. Dice también que la vida es lo primero que hay que preservar, que el único conducto posible para la conciliación es el diálogo, que la acción verbal es más sutil que la física… En fin, dice muchas cosas más que no voy a exponer aquí porque no estoy de exégeta hoy. Ay, Jaime… tus enemigos no querían hablar con vos… querían que no hablaras, entonces te mataron… y como no puedo golpearlos ni hablar con ellos, no me queda más que insultarlos… malditos…
Retomando el asunto perdido, ocurrió que el rector se salió de sus casillas. En vista de que no podía hablar con la jauría de abucheadores, en vista de que sus argumentos no eran más que denuestos y gritos de anacrónica cólera, decidió actuar. Esto es: ser actor, volver el auditorio (en donde se oye) un escenario. El final anecdótico de este episodio lo conocen todos los colombianos; no lo voy a repetir. En contraste, muy pocos lo entendieron, muy pocos lo entienden y muy pocos lo entenderán.
Vuelto el rector un actor, un payaso, se lanzó a la alcaldía de esta ciudad. Digo ‘se lanzó’ porque sigo pensándolo como un personaje de circo, un acróbata que se lanza por los aires sin ninguna red abajo. (Es lamentable la miseria cultural de tantos de mis compatriotas: usan ‘payaso’ y ‘cirquero’ como insulto: ignoran que la arena circular del circo evoca un mandala (¿sabrán qué es “mandala”?); ignoran que el malabarista representa la expansión de la conciencia; ignoran que el escupefuego es imagen del poeta; ignoran que el domador y la bestia simbolizan un solo individuo: el hombre que logra dominar sus instintos a través de la disciplina… ¿les estaré hablando en cíngaro a ellos?). Se lanzó y llegó. Alcalde lo nombraron. Su bandera: una estupidez llamada ‘educación’ y ‘cultura ciudadana’: más y más payasadas.
Paso anecdóticamente por algunas de sus faenas cirqueras: le evitó un racionamiento de agua a la ciudad por medio de campañitas educativas; generó higiene ambiental y sentido de pertenencia por medio de lo mismo; instauró temporalmente mimos de tránsito (con inesperado éxito) en reemplazo de una logia corrupta de atracadores uniformados, mordelones como los que aún se ven en México; redujo la criminalidad por medio de medidas de seguridad altamente impopulares (la Ley Zanahoria); dejó de ejecutar todo el presupuesto de su gobierno con miras a las grandes obras urbanísticas que vendrían (aclaro, para los extraterrestres, que este acto es, entre nosotros, una soberana idiotez, una idiotez digna de un payaso estúpido, puesto que gobernante que se respete no sólo se traga todo el presupuesto, tomando su correspondiente y jugosa tajada: compromete el de gobiernos futuros para maniatarlos y, por ende, desacreditarlos de antemano).
El resultado de todo esto fue el primer paso en una gradual transformación de esa ciudad puerca, violenta, oscura, como sacada de novela de Dickens, en el ejemplo mundial de urbanismo que es ahora. Juzguen ustedes, Marcianos. ¿No se les hace un disparate que, en un país acostumbrado a confiar en las sabias y hábiles manos de los gobernantes de turno para que arreglaran TODO, y que gracias a su prudente gestión mantuvieron a Colombia entre las primeras Potencias Mundiales durante doscientos años, (¡Cómo! ¿No se enteraron de eso? Eso les pasa por vivir en otro planeta) a este payaso le dé por semejantes vesanías, como decirles a los capitalinos que eran responsables de cuidar el agua, la basura en las calles, el buen comportamiento al volante? ¿Quién dijo que los ciudadanos tenemos deberes cívicos? ¡Pa’ qué putas elegimos tanto político si nu’es pa’ que nos risuelva todo y nos dé subsidios!
Ahí está fulanito, que habla con mucha seguridad y promete unos sueldazos de rechupete. O sutanita, que nos va a regalar localitos pa’ montar un negocito. O menganito, que va a fumigar, ahora sí del todo, a los guerrilleros hijueputas y a Chávez, y aparte nos va a dar muchísimo trabajo; en qué, no se sabe, pero en algo, así sea contando hojas de árboles, y seguro que nos paga, porque es muy rico y muy bueno: ‘es buena gente’, dice el vallenato. Golfista él y vanidoso, dice ser el terror de Chávez. No sean ingenuos: ÉL ES EL CANDIDATO DE CHÁVEZ. El indeseable gobernante vecino necesita seguir justificando su carrera armamentista. Su país está en la miseria: necesita un gobierno odioso al otro lado de la frontera para poder maquillar sus infames tiranías. Necesita decir que el imperialismo yankee lo persigue. Si votan por ese perencejo, no hacen más que seguirle la cuerda al vecino, darle el gusto de tener un par con quien mirarse mal mutuamente mientras nuestras naciones se caen a pedazos, mientras la economía de la frontera colapsa, mientras ocultan grandes crímenes inculpando al gobierno de allá o de acá.
Todos prometen hasta los calzones de Misiá Hijueputa, cosa que han hecho durante doscientos años y jamás han cumplido. ¿Por qué habría de ser distinto en esta ocasión? El Payaso Verde también promete, con la diferencia de que la palabra de un Payaso vale más para mí que la de un jugador de póker. Ya vi yo a este payaso hablando de cosas ideales como el respeto, el civismo, la honestidad, pendejadas filosóficas que no se estilan en el noble oficio de gobernar. Lo curioso es que cuando este Payaso dio saltos al vacío, cumplió. Cuando este payaso se equivoca, lo reconoce, se retracta y hasta pide perdón. Dicen que incluso llora. ¿Un presidente con lágrimas reales? Payaso tenía que ser.
¿Cuándo se ha visto que un político baje su orgullo y diga ‘me equivoqué’? ¿Me van a decir que los políticos no se equivocan? ¿Me van a decir que el presidente actual no se ha equivocado NUNCA? Eso no se lo creo ni a los más fanáticos. Todos se equivocan. La diferencia aquí es que Antanas lo reconoce y rectifica. Todos los otros o bien tapan, esconden, o insisten tercos como mulas en lo mismo, o le echan la culpa a otro. Son muy hábiles para esa clase de malabarismos. Más ahora que tenemos comodín: Chávez espía, Chávez mata, Chávez dice. Y si no, pues está Correa, o las FARC, o el Diablo o la Recesión o lo que sea, pero ellos nunca son responsables de ningún error.
Andan ofendidísimos los médicos por la desafortunada respuesta del millón de pesos. La pregunta del millón, como quien dice. Les gustó más la de otro fulano, que les ofrece a manos llenas más del triple. Y ni eso. Que merecen más. Seguramente. No lo dudo. Sé lo costosa, sacrificada y necesaria que es esa profesión. Entremos en materia, a ver si concluyo de una buena vez: para que al médico le paguen lo justo… no, no: dejémonos de sectarismos, que el país no es sólo médicos: para que a la empleada doméstica, para que al profesor, al jurista, al plomero, al ingeniero, etcétera, les paguen lo justo, no basta con que el gobierno dicte leyes. Leyes las hay, y muchas. Pero más que leyes hay empleadores que se saltan las dichas leyes. Les recuerdo que el gobierno no es el único empleador.
La empresa privada (también) ha hecho con los trabajadores de la salud lo que les ha venido en gana ¿o no? Entonces, no basta con que el gobierno dicte leyes. Los empleadores privados, los empresarios, también necesitan entrar en la dinámica de ser justos, de pagar lo justo, de no hacer torcidos con tal de evadir prestaciones, impuestos, en fin, que en últimas perjudican al empleado y al país entero.
Me resulta indignante que crean tan inocua la insistencia de Antanas Mockus en la educación y la sanción moral. Una sociedad decente debería apostarle muchísimo a esa idea, a la cual las mentes materialistas, obtusas, sectarias y retrógradas ven como pura ‘payasada, blandenguería, filosofías baratas’.
Dice Antanas Mockus que las leyes deben decir al final “Ejecútese, explíquese, compréndase y cúmplase”. Esto les parece igualmente inocuo a los opositores de Mockus y es comprensible: no quieren que la gente participe en política de verdad. Quieren seguir en el mito de que el gobernante es el Mesías que hace planes perfectos y resuelve todo, mientras que la población puede limitarse a marcar la equis en su cara cada cuatro años. Los grandes cambios históricos necesitan de la participación ciudadana, y yo le creo al candidato que me invita a participar. Ningún gobernante les va a arreglar la vida si ustedes no participan. Olvídense. Esos son cuentos politiqueros.
Señores marcianos… Jaime… ¿Qué podrá más en este país: el miedo o la confianza? Yo confío en Antanas Mockus, y confiaré en Colombia.
La primera imagen del artículo pertenece a alter eddie (no se pretenden infringir los derechos de autor). La segunda a la campaña de Antanas Mockus.
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Ocho años despues...

HACE BIEN PLINIO APULEYO MENDOZA en señalar el estado en que queda el país, después de ocho años de "Seguridad Democrática" y de los gastos más grandes de la historia dedicados al Ejército y a la guerra.
Leámoslo a él, que no puede ser sospechoso de estar en contra de Uribe: “Lo cierto es que la guerrilla, hasta ayer arrinconada, hoy da golpes en Nariño, Cauca, Huila, Tolima y Arauca. Aparece de nuevo en las carreteras. Pone explosivos en Buenaventura o Neiva. Y ahora, en una emboscada, da de baja en el Caquetá a nueve infantes de marina. Simultáneamente, mueve en las ciudades sus agentes infiltrándolos en las universidades para que, cubiertos con capuchas, disparen a la Policía o les lancen explosivos y, con armas y emblemas del Eln, hagan una parada en la Universidad Nacional”. Tiene razón Plinio en su columna de El Tiempo: esta es parte de la herencia de Uribe, ocho años después del cheque en blanco que le firmamos para que se gastara la mayor tajada del presupuesto en balas, granadas, helicópteros y fusiles.
Si ocurriera el milagro, si se realizara el sueño de que en estas semanas gane la cultura ciudadana (los ex alcaldes Mockus y Fajardo) y pierda la ira rural (el uribismo terrateniente), tenemos que recordar en qué estado queda el país, citando, para que no haya dudas, las palabras de Plinio. O recordando cómo, por ejemplo, en el bajo Cauca antioqueño y parte de Urabá son las mafias, los ex paramilitares, los neo-narcos, quienes se apoderan de las tierras y quienes aterrorizan y desplazan a los campesinos. Pregunten cómo queda el país en las hermosas tierras de Caucasia, después de ocho años de gobierno “a favor del campo”. Sí, a favor del campo de los mafiosos y la contrarreforma agraria de los paramilitares desmovilizados.
Que no digan, cuando entre el nuevo gobierno (si este sueño se cumple), a la primera incursión guerrillera en Nariño, Cauca, Tolima, Huila, Arauca, o a la primera masacre en el Bajo Cauca o en Urabá, que antes, con Uribe, todo era paz y color de rosa. La culebra sigue vivita y coleando, ocho años después de quitarle a la educación, a la salud, al empleo, a la alimentación y a la vivienda los ingentes recursos que se fueron para la seguridad. El caldo de cultivo de todas las violencias se sigue incubando en la miseria de las ciudades, de los pueblos, y en los millones de desplazados del campo. Que no digan que nos dejan en herencia un país paradisíaco. La muerte, el desempleo y la ignorancia siguen campeando aquí, porque con balas es muy difícil que entre el mensaje de que “la vida es sagrada” o de que “la educación es lo primero”.
No soy optimista. Las mentiras contra Mockus están calando en muchas mentes ingenuas: que es un Chávez disfrazado de oveja, que quebrará a los médicos, que será débil con la guerrilla, que subirá los impuestos y acabará con la inversión. Más aún, como dijo un macabro columnista de mente retorcida: que apoya la pederastia. Los mentirosos y embusteros harán lo que sea para que el filósofo, el matemático y el educador parezca un monstruo. Con una maldad satánica, no le dicen Antanas, sino Satanás. Si consiguen desfigurar así a este hombre íntegro, y si los ciudadanos se creen todavía estas mentiras infames, querrá decir que todavía no nos merecemos tener un gobierno digno. Seguiremos matándonos otros ocho años; y después de ocho años de gobierno de Santos, si estamos vivos, para que el pueblo vuelva a elegir a su delfín, y para poder llegar a otra embajada en Europa, Plinio volverá a decir —metiendo miedo— que todavía hay ataques guerrilleros en Nariño, Huila, Cauca, Tolima, etc., y que la guerrilla está infiltrada en la Universidad, por lo cual necesitamos más años de la misma medicina, encarnada en algún gran apellido. Cuanto más mal estemos, más recursos serán necesarios para el Ejército y más duros gobiernos vamos a necesitar una vez más, porque se supone que a los malos solamente se los combate con ira y con maldad.
  • Héctor Abad Faciolince

Un salto a la esperanza!


Puedo convocar y liderar una transformación educativa y cultural que lleve a respetar la vida, los derechos ciudadanos y a cumplir la Constitución. Llevar a que cada par de colombianos se digan mutuamente "tu vida es sagrada". Donde nunca se mate por robar o por no dejarse robar.

Se trata de construir una Colombia donde se respeten la honra y los derechos de propiedad.

Nuestro plan de gobierno se basa en legalidad democrática y educación. Las leyes dirán: "Publíquese, explíquese, compréndase y cúmplase", creando la obligación de hacer pedagogía legal. El ciudadano será capaz de autorregularse y de regularse con otros. La Policía, fiscales y jueces serán una valiosísima tercera instancia.

Además de incentivos o sanciones, se impulsará el cambio de hábitos y normas sociales. Así comenzaremos a derrotar la cultura del atajo, esa inveterada capacidad colombiana de tener resultados a cualquier costo, violando la Constitución y sembrando odio o resentimiento.

Reorientaremos la recursividad del colombiano. La frase "colombiano no se vara" dejará de expresarse en el narcotráfico y la corrupción y se expresará en innovación. La creatividad al servicio del bien. Seremos el primer gobierno verde sobre el planeta. Tal vez no avancemos tan rápido, pero avanzaremos en la dirección correcta.

Podemos lograrlo sin salirnos de la cancha, sin violar el reglamento, respetando al rival. Contra el todo vale acostumbrado, escogeremos la sorprendente fuerza de la innovación colectiva.

La creatividad 100% legal, y no la avivatada, será el sello de la nueva Colombia. Seguiremos diciendo que nuestro país es pasión, pero entenderemos que ante todo es razón. Es lógico que al gobierno de la innovación se llegue vía innovación. En el último año ha convergido un equipo de trabajo calificado alrededor de cuatro ex alcaldes, con la creación y la movilización de ciudadanos comprometidos y decididos a participar: "Yo vine porque quise, a mí no me pagaron".

En el siglo XX, la democracia se transformó por la revolución pacífica de las mujeres y el movimiento norteamericano por los derechos civiles. Ahora viene la e-democracia. Un directorio político convencional es un dinosaurio frente a una red social. Se mueve enredado en la definición de las jerarquías. ¿Quién llama el día del voto? ¿Cuál es la voz que los ciudadanos escuchan? Es una red de votantes que ya nunca aceptarán votar empujados.

En estas elecciones, Colombia puede cambiar la forma como ha votado históricamente. El voto libre, de opinión, puede decidir el rumbo del país. La democratización del voto facilita la democracia deliberativa. En lugar de doctrinas dogmáticas, hay argumentos; en vez de partidos cazapuestos, tendremos meritocracia. Inclusive, con todo lo destructiva que es, es preferible una publicidad sucia, a que se atente contra la vida.

El clientelismo es una enfermedad, no un destino, y nos podemos curar. Mientras la maquinaria recomienda el menú del día, las redes sociales y las nuevas generaciones son muy sensibles. La democracia a la carta exige información, transparencia y rendición de cuentas. El Partido Verde pretende ser una oferta partidaria responsable y coherente de cara a una década en que la minería y el petróleo crecerán en Colombia. Serán claves el buen manejo de las regalías, su inversión en educación, infraestructura y en mitigación del impacto ambiental de proyectos mineros. Los partidos verdes están obligados, más que cualquier fuerza política, a mirar consecuencias de mediano y largo plazo. La perspectiva ambiental no tiene ninguna viabilidad si la gente no adopta moral y culturalmente la ley. Nuestra opción por la legalidad democrática no sólo busca prosperidad. Busca sostenibilidad.

Reconozcamos lo mejor de cada uno y demos el salto a la esperanza. Ha comenzado la era de la innovación y, en esta era, la historia se escribirá con lápiz y no con sangre. Colombia ha redescubierto la fuerza de la cooperación. Conseguir iguales o mejores resultados limpiamente es posible.

Antanas Mockus

Dar el salto y confiar

¿Qué demonios tiene que ver responder una pregunta tramposa sobre el sueldo de un médico general en 10 segundos con llevar a cabo una “reforma estructural al sistema de salud”? ¿Qué demonios tiene que ver satisfacer los caprichos maniqueos de una periodista frente al glifosato con “impulsar opciones de desarrollo integral para las regiones en las que existen cultivos ilícitos, con el propósito de reducirlos de manera sostenible y eficaz”? ¿Qué demonios tiene que ver el poner a un candidato presidencial a desfilar con respuestas en ese reinado de las suspicacias que son los debates con gobernar un país sobre la base de una propuesta de gobierno que se ha venido construyendo en forma colectiva con el apoyo de un abanico plural de los más sobresalientes expertos del país?

Sí. Cuando Antanas habla en los debates yo también me siento como un bombero que alista su malla para recibir a alguien presto a saltar desde algún piso alto de un edificio en llamas; yo también quiero corroborar que es infalible, quiero confirmar que sus propuestas son inmejorables, quiero un certificado que me garantice que en todo su equipo no hay una sola sombra de sospecha, quiero ratificar que tengo respuestas para cada una de las críticas sobre su supuesto neoliberalismo o sobre sus supuestas simpatías con la revolución bolivariana.

Pero lo único que me encuentro, por más que le dé vueltas, es un ser humano que, mientras sus adversarios prometen créditos a cero interés para todos los graduandos del país, 400.000 viviendas de interés social o acabar con la injusticia social en 4 años, traza los horizontes con prudencia, porque es incapaz de dar una sola respuesta que implique un compromiso que él no pueda cumplir; un ser humano dispuesto a aceptar que necesita el mejor de los equipos para gobernar porque para cada tema hay personas que saben mucho más que él; un ser humano dispuesto a retractarse cuando unos periodistas lo han empujado a responder una pregunta suspicaz y su rival aprovecha el show mediático para restregarle la respuesta una vez más; un ser humano dispuesto a contenerse cuando sus respuestas pueden poner en riesgo las futuras relaciones con un país vecino, así eso no complazca nuestro delirante patriotismo; un ser humano dispuesto a afirmar que va a hacer que todos paguemos los impuestos que es justo que paguemos para construir país. Por más que le dé vueltas, sólo me encuentro con eso: un ser humano sin igual, capaz de liderar una transformación que es ante todo moral, capaz de ser el ser el epicentro de este sismo imparable de confianza que se está extendiendo lentamente entre nosotros que estamos tan acostumbrados a sospechar.

Ahí está él incólume, después de que J.J. Rendón y sus secuaces tuvieron que contentarse con su supuesto “ateísmo” tras llevar a término su tarea, seguramente muy acuciosa, de rastrearle su pasado público y privado para hacerle zancadilla y evitar su imparable ascenso. Ahí está su equipo, liderado por tres ex - alcaldes de talla mundial que han logrado, a pesar de sus orgullos y prejuicios ideológicos, tejer puentes sobre el abismo de la desconfianza y trabajar juntos. Ahí está su propuesta, excepcional pero del todo incompleta, con la invitación a que la discutamos, a que la construyamos en forma conjunta sobre la base del diálogo de argumentos y teniendo como marco principios como la vida es sagrada, la coherencia de fines y medios o la primacía del interés general sobre el particular. Eso es todo lo que hay.



Gerrit Stollbrock


http://dias-de-verde.tumblr.com/post/615299140/dar-el-salto-y-confiar

La marea verde!

Por Hector Abad



No son dos profesores despistados sino dos ciudadanos ejemplares que se hastiaron de la política corrupta. No son dos soñadores con la cabeza en las nubes sino dos hombres con los pies en la tierra que han demostrado (cuando fueron elegidos en las dos alcaldías más importantes del país) que saben administrar con eficiencia y pulcritud los recursos públicos. Ambos tienen experiencia administrativa y ya demostraron que son limpios y capaces de llevar a la práctica sus ideas de educación, civismo y no violencia. Medellín y Bogotá eran dos de las ciudades más desprestigiadas de la tierra y hoy son un ejemplo para América Latina, gracias a ellos.



Antanas Mockus y Sergio Fajardo se han unido por una idea magnífica que no es superior a nuestras fuerzas: quieren un país digno y renovado, un Estado manejado por políticos limpios y sensatos, no por corruptos, energúmenos o violentos. Ellos representan lo mejor de Colombia: son dos estudiosos que no han llegado donde están por sus familias o por nombramientos politiqueros. Están juntos porque tienen un proyecto claro de país y son capaces de ser humildes y deponer los intereses personales por el bien de Colombia.



Sus dos mayores contrincantes en la próxima contienda electoral son dos políticos que nunca han sido elegidos: siempre fueron nombrados por sus contactos y apellidos. Juan Manuel Santos y Noemí Sanín no han dirigido ni siquiera un pueblo chico y no pueden presentarse como más experimentados. Si uno de ellos falta, ¿se sentiría el país seguro en manos del inconsistente Angelino Garzón o del etéreo Luis Ernesto Mejía? Recuerden: todos somos mortales.



Hay que celebrar la unión de Antanas Mockus y Sergio Fajardo. Su candidatura crecerá como espuma, como una gran marea verde y en la segunda vuelta sorprenderán a cualquiera que sea su contrincante. Unámonos al sueño de esta Colombia nueva, al sueño de un país donde sea más importante la educación que la guerra. En el que lo primero sean la salud y el agua y no el odio y las trincheras. Por un país seguro y decente, pero no plegado a los paramilitares o a los falsos positivos por el bien de una seguridad mal entendida. Ellos no claudicarán ante la guerrilla, pero al mismo tiempo eliminarán los caldos de cultivo de miseria donde crecen el descontento y la apatía.



El sueño está creciendo y se va a hacer realidad. Los jóvenes que estudian están con ellos; los jóvenes que quieren tener un trabajo decente están con ellos; los empleados hartos de la corrupción y la compra de votos están con ellos. Los colombianos pensantes estamos con ellos. Únete a estos dos grandes profesores, a estos dos matemáticos que dejaron las aulas para construir una Colombia de la que nunca más nos tengamos que avergonzar.



La unión entre Fajardo y Mockus la apoyan entre otros:

· Juanes

· Tostao

· Alejandra Borrero

· Samuel Azout

· Paula Jaramillo

· Y cientos de miles de colombianos como tú..

La union hace la fuerza!

Donde nos leen...